jueves, 26 de febrero de 2009

Redacciones Lengua Castellana


LEILA

Leila estaba sentada, sol, como en los últimos cinco años. Tenía doce años y había aprendido a sobrevivir con lo que la naturaleza le daba. De pronto, llamaron a la puerta y ella, extrañada pero a la vez con la ilusión que quedara algún superviviente de la tercera Guerra Mundial a parte de ella, se levantó a abrir. Cuando se abrió la puerta le temblaba la muñeca pero se dio cuenta de que había sido solo una ráfaga de viento. Esta le transmitió la aroma de su familia, una de las pocas cosas que recordaba a parte de la sonrisa de su madre. Empezó a llorar como una loca, la soledad la estaba consumiendo. Tomó una decisión que le cambió la vida: cogería lo poco que tenía e iría a ver mundo en busca de algo más interesante que lo que tenía ya en casa.
Al día siguiente, pronto por la mañana salió de su casa con una mochila y todas sus pertenencias. Anduvo durando un día entero y no vio nada más que tierra y pueblos en ruinas. Decidió pasar la noche en el bosque y por la mañana un hurón la despertó. Estaba a su lado de modo que Leila lo podía tocar y acariciar. Él también estaba solo. Rápidamente se hicieron amigos y Leila siguió su aventura con un nuevo acompañante al que llamó Huro.
Al cabo de tres días no habían progresado demasiado y las únicas cosas nuevas que habían encontrado habían sido un par de hormigas poco interesantes.
Llevaban ya una semana andando y Huro enfermó y pasados dos días murió. Leila estaba desesperada no podía parar de llorar. Hizo un entierro rápido para el animal a quien había cogido cariño. No quería rendirse, ahora no, había visto que sí, que a lo mejor, no estaba sola. Construyó una barquita con unos troncos que encontró y bajó río abajo.
De repente vio una cabaña a un extremo del prado que no estaba destruida. Se le disparó el corazón y saltó de la barca. Allí encontró lo que llevaba tanto tiempo buscando: un chico vivo. Estaba ilusionada y tremendamente contenta.
Fue amor a primera vista y aquí empezó la reconstrucción de un nuevo mundo, mucho mejor que el anterior o, por lo menos, un mundo donde la gente se quería y se ayudaba.

Paula Pujal

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